LA RUTA DE LOS MOLINOS Sierra de Montánchez (Cáceres)
En la Comarca de la Sierra de Montánchez y Tamuja, entre las
agrestes cumbres graníticas de las sierra más central de Extremadura, se
precipitan arroyos torrenciales que en su día dieron vida a uno de los
conjuntos de molinos de agua más importantes del país. "La Ruta de los
Molinos", interesante recorrido que nos permitirá admirar la armónica
conjunción de la obra de las personas con la naturaleza y la forma en
que el ingenio de aquellas permitió, durante siglos, el aprovechamiento
racional de uno de los recursos más preciados: el agua.
La Ruta de los Molinos serpentea por ladera y gargantas
de la Sierra de Montánchez, uniendo el pueblo de Arroyomolinos con el de
Montánchez a través de una compleja trama de caminos, sendas y veredas.
La Sierra de Montánchez pertenece, junto con las Sierras de Guadalupe y
Villuercas y la Sierra de San Pedro, al sistema montañoso de los Montes
de Toledo, que separa las cuencas del Tajo y el Guadiana. Tiene una
altura aproximada de 1.000 m. en su cota mas alta, estando formada por
un conjunto montañoso, algo laberíntico, con singulares promontorios
rocosos de granito lo que confiere un carácter inhóspito a sus cumbres.
Las características geomorfológicas de la Sierra
configuran la existencia de infinidad de pequeñas gargantas y
torrenteras por las que el agua desciende hacia la llanura.
La Sierra de Montánchez posee una gran variedad de
ambientes caracterizados por el tipo de vegetación predominante en
ellos. Castañares, melojares, alcornocales y encinares con su matorral
asociado y aclarados en diferentes grados, huertos, olivares y viñedos,
prados húmedos y garganteas con la vegetación típica de estos cursos de
agua como sauces y juncos. Es, precisamente, la combinación de las
diferentes series de vegetación con la intensa acción del hombre lo que
confiere al paisaje que contemplamos durante la Ruta, su peculiaridad,
variedad y belleza.
"La Ruta de los Molinos" puede iniciarse tanto en Arroyomolinos como en Montánchez. Elegimos Montánchez como punto de partida:
Iniciamos nuestra andadura por uno de los caminos que parten
desde el aparcamiento y subiremos por la calleja entre la Piscina
Municipal y la Residencia León Leal. A unos cien metros giramos a la
derecha y veremos ya las primeras señales Azules y Rojas, indicando la
Ruta Local denominada " Ruta de donde nace".
Esta ruta de hoy la haremos en sentido contrario a como indican estas marcas azules de la denominada Ruta.
Caminamos por antiguos caminos de herradura que conservan el
empedrado en muchos de sus tramos, adentrándose en el corazón de la
sierra. Durante casi todo el recorrido los caminos y sendas están
flanqueados por muros de piedra que desde hace siglos sirven como lindes
y cerramientos de las parcelas; cada cierto tiempo estos muros se
interrumpen por la presencias de portales, típicas estructuras
adinteladas con grandes losas de granito
o vigas de castaño, que dan acceso y , quizás, un cierto
prestigio a las fincas a la vez que pudieron servir como refugio en
caso de mal tiempo. El paisaje que nos acompaña en esta primera parte de
la Ruta está formado por olivos, viñas, higueras, encinas y
alcornoques, jaras y retamas.
Los animales domésticos son una parte fundamental del entorno.
Durante todo el recorrido veremos vacas, cerdos, ovejas, caballos,
pastando a sus anchas en los diferentes cercados. Especial mención
merecen los burros, muy abundantes aún en ambiente serrano y cuyos
servicios son requeridos por los lugareños que, montados en sus lomos,
acuden cada día a cuidar sus campos, inaccesibles en otros medios de
transporte.
Poco a poco nos vamos introduciendo en la fresca penumbra que
proporcionan los bosques de castaños. los muros de piedra están aquí
especialmente cargados de vida y colores: musgos, líquenes, ombligos de
Venus, sedum... atraen nuestra atención como habitantes de un país
mágico. Pero hay otras bellezas escondidas en el castañar como las
delicadas Orquídeas, los narcisos y un sin fin de flores más. Una vez
coronado el bosque de castaños y robles, bajaremos un pequeño collado,
hasta una explotación ganadera. De frente y a pocos metros, tendremos la
visión de las antenas de telecomunicación. Da la impresión que
caminamos hacia ellas, pero al llegar a un carreterín asfaltado
giramos bruscamente a la derecha. Caminamos un trecho por un camino
empedrado que comienza a descender. La falda opuesta a la que nos
encontramos nos proporciona una magnífica visión de los antiguos
bancales de piedra que posibilitan el cultivo de olivos con tanta
pendiente. También se descubren los primeros molinos en el fondo de la
garganta. Ya se divisa el pueblo de Arroyomolinos
y entre los dos montes que flanquean la salida del
arroyo, podemos contemplar las extensas dehesas de Cornalvo. La sierra
de Montánchez es rica en torrentes, manantiales y fuentes y conforme
descendemos podremos apreciar algunos de ellos. Allí la vegetación es
mucho más exuberante, los robles alcanzan un buen porte y el aire se
impregna del aroma de las mentas.
Una vez hayamos descendido de la sierra giraremos 180º y
caminando entre paredes de piedra, viejos molinos y una
rica vegetación de tipo mediterránea nos acercamos al Arroyo de los
Molinos. Este, es de carácter estacional y si lleva agua, podemos
cruzarlo por unas enormes pasaderas de piedra dispuestas con ese fin. Es
en este punto, termina el cementado y comienza una pequeña subida tras
la cual podemos observar el inicio de la calzada empedrada que paralela
al arroyo nos hará ascender La Garganta.
Esta calzada, constituía la vía principal de acceso a los
molinos y si observamos con detenimiento, nos daremos cuenta, como de
ella y en dirección a cada molino que por su lejanía de ella lo
requiera, sale un pequeño camino de acceso.
Estos molinos hoy abandonados y algunos ya en muy mal
estado, son de tipología de sierra. Su origen como apuntamos antes, se
remonta a época romana aunque los más recientes son del siglo XIX. La
mayor parte de ellos están construidos en mampostería aunque hay algunos
en los que se pueden observar unos perfectos sillares.
La molienda suponía un proceso muy interesante, pues los
molineros, se ponían de acuerdo para ver que día la realizaban y así
soltar el agua de una charca denominada la Charca de la Suelta. Esta,
construida en el arroyo y a una considerable altura, aumentaba el caudal
y se lograba que el agua llegara en más cantidad a los molinos. Algunos
de estos, y gracias a su disposición podían moler con el agua que ya
había utilizado el anterior. Con este sistema, podemos decir que se
producía un aprovechamiento muy racional del liquido elemento.
Prácticamente, casi todos los molinos se componían de;
una charca, una conducción o acequia, un alto pozo que se denomina cubo y
un cuarto donde estaban los mecanismos de molienda.
El agua, pasaba de la Charca por la Acequia y caía
al Cubo. El molinero esperaba a que este se llenara totalmente y cuando
esto sucedía abría una pequeña compuerta denominada Saetín. Esta,
situada en la base del Cubo al abrirla dejaba escapar el agua que por
causa de la fuerte presión con la que salía, movía las palas del
giratorio Rodezno.
Dicho rodezno, a través de un fuerte tronco denominado
Maza transmitía el movimiento a la piedra superior o Volandera que con
su giro sobre la piedra inferior o Solera (sin movimiento) procedía a
moler el grano.
Cada molino, hoy en día sigue siendo conocido por el
nombre de su dueño, salvo alguno como El Molino de La Cruz que es
llamado así por una cruz que lucía en su exterior.
Conociendo ya un poco más de estas antiguas aceñas e
imaginándolas en sus momentos de máximo esplendor, continuamos el
empedrado que en ocasiones se pierde y se convierte en estrecha vereda
serpenteante entre canchos y rodeada de vegetación. Así alcanzamos el
punto donde a través de un autentico laberinto de helechos cruzamos el
arroyo.
Ya en el otro margen y dominando una explanada libre de
vegetación junto a un bonito salto de agua, nos encontramos con el
molino mejor conservado y habilitado por su dueño como vivienda.
Con
este ejemplo podemos hacernos una idea ya más aproximada de cómo fueron
en el pasado esta garganta y más concretamente todos los molinos que
dejamos tras nuestros pasos.
En la parte superior de la explanada y apenas sobrepasado
el molino, surge un pequeño cruce de caminos. Tomando el de la
izquierda y entre impresionantes vistas de Arroyomolinos ya en la
lejanía y muy por debajo de nosotros gracias a la altura que hemos alcanzado, vamos dejando atrás la garganta y sus molinos para poco a poco ir acercándonos a Montánchez.
Dicha calzada empedrada de más anchura que la que
discurría paralela al arroyo, nos va llevando entre paredes de piedra,
fuentes y olivares en escalera a otra vía de tierra bastante transitada.
Mientras caminamos por ella, podemos observar las
magníficas portadas adinteladas con grandes losas de granito dispuestas
en las entradas de muchas pequeñas fincas.
En esta parte del recorrido, nos encontramos con un
impresionante bosque de castaños el cual nos muestra sus tonos ocres si
pasamos en otoño y una gran explosión de verdor y frescor si lo hacemos
en primavera o verano
Con la visión del bosque en la retina, proseguimos
nuestra ruta con el imponente Castillo de Montánchez como vigía y meta
de nuestro camino.
La entrada en el pueblo la hacemos igualmente, que al
inicio, por entre la Piscina Municipal y la Residencia León Leal. Una
vez lleguemos al aparcamiento, según el horario pevisto se decidirá si
continuamos por las calles hasta la Plaza Mayor de Montánchez y
posterior subida al CASTILLO. Merece la pena.
Fin de la Ruta. :
Distancia: 16,5oo km. aproximadamente
Duración: 5 horas
Asc. Acum.: 548 m.
Desc.Acum.:529 m.
Altura máxima: 902 m.
Altura mínima: 412 m.
Señalización: Sin señalizar
Apertura de la ruta, datos, descripción e imágenes: José María Domínguez Mangas
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